«De vosotros siente anhelo el placer, el indómito, bienaventurado, ¡de vuestro dolor, oh, fracasados!»
(Friedrich Nietzsche, «Así habló Zarathustra»)
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EL SUPREMO DOLOR DEL AFLIGIDO AMOR ME ABRÍO LOS OJOS
En esta ópera de las óperas que es DER RING DES NIBELUNGEN se imbrican, cual cuerda del destino tejida por las Nornas, muchos temas recurrentes: amores, muertes, codicias, renuncias, ansias de poder, engaños, sueños truncados, alegrías efímeras… y DOLOR, mucho dolor.
El dolor como la vergüenza de las Hijas del Rin cuando Alberich les roba el oro; el dolor como la humillación de Alberich al sentirse rechazado, al ser engañado por Loge o al tener que devolver el anillo que forjó tras su renuncia al amor.
El dolor como la pena de Fasolt cuando ve que su amor por Freia es imposible, o cuando muere a manos de su hermano Fafner en la primera muestra de la terrible e inalterable “maldición del anillo”; el dolor como los desprecios y humillaciones que sufre Mime, primero por parte de su hermano Alberich y luego de Siegfried; el dolor como el resentimiento de Hagen o la sensación de inferioridad de Gunther y Gutrune, los hijos del rey Gibich que no encuentran el amor.
El dolor como la soledad constante de Siegmund y Siegliende, la pareja de Velsungos que afirman “no poder escapar del infortunio”; el dolor como la resignación de Wotan cuando por fin toma consciencia de que debe dejar morir a su hijo, afirmando no poder generar seres libres sino esclavos y deseando el final -Das Ende-¿Qué es, si no una renuncia, lo que Brünnhilda soporta cuando es despojada por Wotan de su condición divina y castigada a dormir hasta que “aquel que no conozca el miedo” cruce el círculo de fuego mágico?
El dolor como la inocencia de Siegfried, que lo lleva a que lo engañen y lo maten sin compasión; el dolor, por supuesto, como el castigo de Brünnhilda, como su pérdida de inmortalidad, como sentirse engañada por Siegfried, como su clarividencia al saber que la única salida a esta cadena de infortunios y dolores permanentes pasa por la muerte de su amado y la destrucción del Valhalla y del mundo… ¡“El supremo dolor del afligido amor me abrió los ojos”, decía en ese final descartado por Wagner que tanto nos habría gustado escuchar en música!
Y es que todo en DER RING DES NIBELUNGEN nace del dolor: del dolor por una revolución frustrada, del dolor de un exilio largo y un matrimonio fallido, del dolor inherente a la renuncia de la voluntad de Schopenhauer. Este dolor hace que, tras cada escucha, temas a priori felices como el del Valhalla suenen con un poso de tristeza infinita y de soledad ancestral. ¡El dolor!
El dolor como principio y final, el dolor como suprema necesidad, el dolor como brújula de la trama cósmica que nos representa a todos… El dolor como catalizador del destino, el dolor como fuerza de la naturaleza, el dolor como peaje necesario en una vida en la que nada es como se esperaba, el dolor como antesala de la melancolía, el dolor como recordatorio de nuestra naturaleza frágil y transitoria…
Sólo escaparemos de este dolor ancestral e insondable… el próximo 5 de septiembre de 2026, en la VIII ULTRAMARATÓN WAGNERIANA, nuestra cita anual (¡y ya van ocho consecutivas!) con esta música que está fuera del tiempo, fuera del espacio, fuera de la materia y fuera de la comprensión humana.
No te arrepentirás de haberlo vivido.
P. Gómez
Junio 2026